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Monday, December 23, 2013
Un mes de free writing - séptimo día
Lee el capítulo anterior (?) de esta historia o el principio si no lo has hecho. :)
Día #7: Valiente.
Necesito recordar las reglas del juego, necesito saber qué puedo y qué no puedo hacer. Necesito concentrarme. No debo olvidar que en el fondo de todo esto, mi empleo es el que está en juego.
Clara camina delante de mí, no lo había pensado, pero su cuerpo es del tipo que invita a pasear con la mirada, y en este momento, mis ojos suben y se detienen, Suben un poco más y desean que Clara de la vuelta para detenerse una vez más. Lo hace; como si supiera justo lo que quiero. Mis ojos se detienen agradecidos; suben un poco más y observan un collar que tampoco había notado; es de perlas, casi tan blancas como sus dientes.
Necesito concentrarme. ¿Qué se supone que un chico haga en la primera cita? ¿Hasta dónde debo llegar?... ¿Hasta dónde puedo llegar? y más importante aún. ¿Hasta dónde se supone que deba llegar? Me siento incómodo, la adolesencia no fue precisamente la etapa favorita de mi vida y el estrés me hace recordar lo peor de ella; me sudan las manos. Clara vuelve a sonreir. Me siento bien; respiro profundamente y no puedo evitar sonreirle en respuesta. No digo nada, y ella simplemente baja la mirada. Me siento mal. Debí hacer algo más.
Hace tanto que no me subía a esta montaña rusa que creo que voy a vomitar. El jardín no es muy grande pero cruzarlo parece que nos tomará una eternidad y media.
—¿Cuál es tu color favorito?— Rompí el silencio, pero semejante pregunta se me ha ocurrido.
— El verde, pero no cualquier verde; me gusta el verde de mis ojos, ése es mi favorito ¿A ti te gusta?— Esperaba algo como: "¿y el tuyo?" al final de su respuesta, pero no. Me ha puesto en jaque. Clara tiene el control.
—Sí, tienes unos ojos increíbles, aunque no son lo mejor de ti, te lo aseguro.— Clara hace de lado su cabeza, creo que mi respuesta no le agradó. Yo sólo intentaba ser galante. Supongo que aprecia micho sus ojos, pero qué estúpido soy.
— No soy muy bueno con las chicas— me excuso.
— Ni con los colores, te lo aseguro — Responde. Ya no entiendo qué está pasando. Pero no quiero que pase.
La tomo de la mano, la jalo hacia mí y la abrazo por la cintura. Es lo más valiente que he hecho en los últimos años. No sé si se moleste, pero de todas formas moría por hacerlo y estamos en una cita después de todo.
Saturday, December 21, 2013
Un mes de free writing - sexto día
Nota: El siguiente fragmente es continuación de la historia que comencé ayer. Si no la haz leído, te recomiendo que primero revises la anterior y después ésta. :)
Día #6: Puberto.
Me levanté por inercia y caminé hacia el frente. me esperaba una mujer bastante atractiva, tes pálida, como un metro sesenta de estatura y labios rosas, sin maquillar; sus ojos entreveían optimismo, ganas de comerse el mundo a puños. Yo no creo en el amor a primera vista; pero si creyera en él, me gustaría enamorarme de Clara, nombre que se leía en su placa.
Cruzamos la puerta y caminamos por un pasillo blanco con luces por todo el techo. Reí nerviosamente y me atreví a preguntar:
—¿Qué está pasando, a dónde nos dirigimos?— no obtuve respuesta alguna.
Clara sonrie, y con una mirada ahora más bien curiosa, abre una segunda puerta al fondo del pasillo; ésta es blanca. La luz me ciega en ese mismo instante y no puedo evitar cerrar los ojos y mirar hacia abajo, la sensación del suelo cambia de repente.
De concreto sólido y aburrido, a un divertido cosquilleo sobre un colchón de césped verde muy bien cuidado. Entramos en un jardín majestuoso. Un oasis de alegría en medio de la triste urbanidad en la que he estado inmerso desde que tengo memoria. Siento deseos de quitarme los zapatos, la asfixiante corbata, ¡Toda la ropa! arrojarme a aquellos pastos, y mirar hacia el cielo durante horas.
Clara me interrumpe, me dice que es momento de comenzar nuestra cita.
— ¿Nuestra cita? ¿Nuestra entrevista, querrá decir?— respondo más por fuerza que por gusto.
— No. Nuestra cita, En esta institución creémos que la calidad humana importa más que cualquier papel expedido por cualquier universidad de cualquier universo. Ahora mismo, compartiremos un delicioso café, platicaremos de lo que nos gusta, lo que odiamos y por qué sucede así. Si tienes suerte, al final del día podrías conseguir mi número de extensión y acompañarme a mi oficina— Añadió sonriendo una vez más.
Si mi futuro empleo consistiría en mirar día a día ese maravilloso juego de dientes blancos enmarcados por sus dulces labios, entonces no llegaría tarde ni una sola vez.
Hoy ha sido una de los días más extraños que he tenido en mi vida. Cuando desperté sentí que moría, pero que más tarde me sentiría vivo y tendría un empleo nuevo. Aún no sé qué sucede con lo segundo. Pero según parece estoy trabajando en ello. Me siento raro, mis manos siguen temblando, pero me gusta cómo lo hacen, por fin mantienen el equilibrio rítmico que tanto anhelaban; mi corazón piensa que mi cuerpo juega, que compite para ver qué organo puede temblar más rápido sin causarme un desmayo.
La última vez que me sentí así. tenía trece años y salía por primera vez con una chica. Es eso, me siento como un puberto, Clara y yo tomados de las manos bajo un árbol, besando nuestros labios (o no; o aún no; o no sé, pero no está sucediendo. ¿Está mal que de pronto lo quiera tanto?).
Nota: Sí, la historia sigue un día más. ¿Qué les parece hasta ahora?
Friday, December 20, 2013
Un mes de free writing - Quinto día.
Nota introductoria: para hacer más divertido el ejercicio de hoy (y probablemente alguno próximo) trataré un tema en especial. No tenía idea de cuál, pero afortunadamente, encontré 400 temas para free writing en internet. Aleatoriamente escogí: "Una extraña entrevista de trabajo".
Día #5: Súper-pánico.
El señor Figueroa, un sujeto chaparro cuya mirada siempre dirigía al suelo, me invitó a pasar por fin a la oficina, es curioso, pero me sentí confiado desde la primera vez que lo vi despidiendo con una palmada en la espalda a otro candidato. Su mirada entreveía todos sus sueños rotos y sus esperanzas se deshacían al ritmo de la piel que caía de sus pómulos, a consecuencia de algunas noches en vela.
Por semanas me había preparado; postura, mirada, posición de los brazos y cualquier tipo de expresión corporal escrito en el manual de un reclutador común. Estaba listo, listísimo, y aparentemente, mi entrevistador no opondría resistencia. El puesto será mío, me dije mientras sonreía.
El señor Figueroa, o Alberto, como mostraba su placa, me pidió que tomara asiento y que enseguida me llamarían. Acto seguido, se fue refunfuñando palabras que no estoy seguro si el mismo entendía.
¿Me llamarían? ¿Quién me llamaría? ¿a dónde iría? ¿Figueroa no sería mi entrevistador? estaba asustado. La gran confianza que ostentaba minutos antes, en la sala de espera, mientras hacía como que leía una revista atrasadísima que hablaba sobre las ventajas y desventajas del pan integral (porque es un aspecto muy importante en nuestras vidas) pero realmente sólo miraba con atención la puerta de madera negra que me separaba de mi futuro empleo se había desvanecido en un sólo instante.
Un cosquilleo recorría mi cuerpo, o al menos eso creía, desde las puntas de mis pies hasta mis rodillas. Hacia arriba, mi cuerpo se sentía gelatinoso, si me ponía de pie, estoy seguro de que me desplomaría al instante.
Mientras tanto, mi estómago daba vueltas, mis tripas se balanceaban de lado a lado y mis brazos intentaban, en vano, temblar manteniendo el mismo ritmo. Entré en pánico. Noté un amargo sudor recorriendo mi frente y entré en súper-pánico. No sabía que eso era posible.
De pronto, escuché pasos. Primero suaves y prolongados, como de quien apenas se levanta por la mañana con miedo a la regadera. Después apresurados y más fuertes, seguros. Como de quién no desea otra cosa más que salir de donde quiera que se encuentre.
Fue entonces cuando la puerta se abrió en un sólo instante, sin chirridos tétricos, sin movimientos torpes. Yahí estaba frente a mí, a unos cuantos pasos pronunciando mi nombre. Lo que ocurriría después, jamás lo olvidaré.
Nota: Seguramente se dieron cuenta en el título: al terminar los diez minutos, evidentemente no concluí el relato; no he visto si hay una modalidad de free writing en varias sesiones, pero me agradó bastante la idea, así que mañana continuaré con esta misma historia y se quedarán con la intriga. ¿Les gusta la idea?
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